Supongo que muchos ya sabeis como fue el parto, pero lo registro aquí para el futuro…ahora lo tenemos “fresquito” pero todos tenemos tendencia a la desmemoria. También tengo tendencia a enrollarme, pero la verdad que prefiero pecar en exceso que quedame con algo en el tintero. Si no te interesa, siempre te puedes ir a la página de la Agencia Tributaria, for example.
Narro el parto desde mi punto de vista. Brevemente: fue una experiencia intensa y maravillosa. Los miedos iniciales y el éxito posterior me produjeron un subidón de adrenalina que me duró dos días. Aunque suene a frase hecha, puedo decir sinceramente que es una de las experiencias más importantes de mi vida, si no la que más. Bueno, no me pongo más sentimental, vamos a lo que vamos.
La posición de un padre ante un parto es como la de un sparring de boxeo el día previo a un campeonato mundial: Estás motivado para que te las den todas para que tu campeona triunfe, pero no sabes por donde te van a venir los sopapos. La verdad que no fue para tanto, creo que fue un parto muy bonito. Un par de miradas asesinas y una petición de traumatismo craneal para dejarla inconsciente y nada más. Me dediqué a llevar la hora de las pastillas y contracciones, a dar ánimos y … a disfrutarlo.
Aunque queríamos seguir el curso de la naturaleza, el parto lo teníamos programado porque estábamos fuera de cuentas, se nos venía la feria encima y la madre tenía que tomar dos tomas de antibiótico separadas por 4 horas.

Llegamos al Parque San Antonio sobre las 8:00 AM, pero la verdad que nos ingresaron a las 9:30 y no tuvieron la habitación preparada hasta casi las 10:15. Exceptuando este primer retraso, la verdad que la clínica (ubicación, estado de las habitaciones, etc) y la atención del personal ha sido magnífica.
A las 10:40 comenzamos con la prostaglandinas, unas pastillitas que inducen el inicio del parto. Se tomaba una pastilla cada 30 minutos, pero aunque Ana parecía una , no había síntomas de nada, como puede apreciarse:

Esto parecía unas vacaciones pagadas que un parto…la playita, el solecito,… AQUÍ HABÍAMOS VENIDO A SUFRIR!!. Primera toma de antibiótico.
A la cuarta pastillita, comienza el cachondeo. “Oye, ya se me pone dura la barriga”. Y el monitor que parecía un sismógrafo en la falla de San Andrés. Y no, este San Andrés no está junto a la Carretera de Cádiz.
Pero, nada, la cosa seguía sin dilatar, pastillita 5, pastillita 6. A las 13:21, el Rafael el Ginecólogo puso el dedo en la llaga, y rompió la bolsa manualmente. En estos momentos se alegra uno de haber estudiado cosas de telecomunicaciones, en lugar de medicina. Prostaglandina 8, empieza el dolorcillo. 14:40, el dolor empieza a tener peor pinta. Se le pide la hora al árbitro. El matrón o matrona -con esto del lenguaje no sexista no se cómo leches se le llama-, mide la dilatación y dice que sólo 4 cm, que hay que aguantar. La pobre Ana empieza a jurar en Arameo. Enseña el contrato con el Ginecólogo visado por el colegio de Médicos que afirma que le deben poner la epidural cuando ella quiera… aaaaaa, se siente!!!. Yo voy en busca del matrono, con el sismógrafo bajo el brazo, pero me dice que hay que esperar a que dilate.
15:10 vuelve a mirar la diltación y ¡voalá!, ya está todo dilatado, cagando leches para el paritorio. La inminente madre llega al máximo de dolor soportable, pide que le pegue con un palo en la cabeza, porque el anestesista no llega.
15:43 Por fin, Mario el anestesista, llega corriendo de casa con el postre bajándole por el esófago y pone la epidural con la pericia de un banderillero prejubilado. El rollito droga en el tuétano surte efecto y la madre “descansa” por fin. A su lado, el prestigioso neurocirujano Sergio Rico.

16:00 Llega Rafael. El padre de la criatura coge la cámara de fotos y se pone a rodar un video, con dos cojones. Dos empujones (pero vaya empujones) y el bambino está en la calle berreando como un cochinillo untado de grasa. Lo ponen encima de la madre. Me dan una tijera para cortar el cordon, sin duda alguna, la parte más compleja y delicada de todo el proceso, aunque al principio, muestro cierta inseguridad (¿me habrán visto las uñas largas y esto es una indirecta?). 3,450 Kgr y 52 cm de morlaquillo. Tiene los ojos abiertos. Al retirarlo de la madre para lavarlo, comienza a llorar con una fuerza descomunal para una cosa tan pequeña.

Son las 16:25 del 14 de Agosto de 2008. Se nos caen unos lagrimones de la emoción. Sin duda alguna, uno de los mejores momentos de nuestras vidas, de los que da más sentido a nuestro pulular por este loco mundo.
Comienza la andadura del gran Mario Rico Solís. Te queremos a reventar, aunque nos acabamos de conocer.


