Antonio, nuestro «Tapi», diminutivo de su profesión de tapicero, es un auténtico personaje. Es uno de los fundadores de la grupeta. Nació en la zona de la carretera antigua hacia Casabermeja («La venta del Tunel» o «Vendomiel») y se nota. Esa carretera es su territorio, su hogar ciclista. Aunque Antonio es un hombre del terreno, es a la vez un gran hombre de mundo. Sin tener posibilidad de acceder a los estudios, a Antonio no le han faltado recursos para comerse el mundo. No sólo ha sobrevivido en un entorno hostil, duro. Ha progresado donde otros se quedaron atrapados. Ha levantado una familia y cuidado a los suyos con el esfuerzo de sus brazos, su espalda y su inteligencia.

Aquí, cuidando de los suyos.

Alguien que hable con él por primera vez puede llevarse como impresión inicial que no es un hombre culto. Es comprensible, algunas de sus «palabros» son para enmarcarlos. Pero ojito con menospreciarlo. Dicen que la auténtica cultura es «saber estar» en cualquier situación. Y Antonio es de las personas que mejor saben estar de las que puedas conocer. Su descaro es sólo superficial, porque sabe en cada momento qué es conveniente decir o no, detecta en un segundo por donde «cojea» su interlocutor, aunque pueda no parecerlo. Ya quisieran su filosofía de la vida y su conocimiento del mundo mucha gente que se creen muy instruidas y no saben donde tienen la cara.

Antonio es una buena persona, generoso en su más amplio sentido, siempre está a tu disposición para lo que necesites. Lo que más me gusta de él es su visión del mundo. Pese a su edad, pese a todo lo que ha vivido, y a las cosas menos buenas que seguro que le ha deparado la vida, consigue ver el mundo con alegría. Con los ojos de un «chavea». Sorprendiéndose, disfrutando. Viendo el lado positivo. Soltando un chascarrillo, tratando de que haya humor a su alrededor. Nadie le es extraño, no tiene miedo a la gente. Es más, cada persona es una oportunidad para él de abrirse al mundo. «Oye, niño, ¿esto donde los has comprado?», «¿Te sobran aguacates?», «Ahora vengo y te ayudo a recoger la basura!». Y cuando uno pensaría que se va a meter en un lío o que se lo van a tomar a mal, te encuentras a la gente sonriendo y respondiendo, conectando con Antonio. Toda una lección de cómo hay comportarse, pero hay que tener su «arte» y su sinceridad, para que funcione.

Aquí dándonos unas clases de kung-fu para Ninjas. Le hemos añadido el antifaz para proteger su identidad.

Ejem, es verdad que a veces se le va la mano. Como cuando participó en «First Dates» y llamó gorda y vieja a la vecina en una televisión nacional: «yo quería a una mujer más delgada y más joven», di que sí, jajaja. Que crack.

Esto es un malagueño con buena planta. A ver si le encontramos una novia ciclista, Sobera, coño.

Es un escándalo ir en la grupeta mientas Antonio va hablando sin parar, contando sus cosas. A veces, casi nos caemos de la bici partiéndonos el culo con sus ocurrencias, con las cosas del comer como los conejos y los mejillones. Es su arma secreta para tenernos a raya. Porque cuando se aleja de la «elétrica» y se entrena con la «muscular», Antonio es nuestro Marco Pantani haciendo la goma. Parece que se va a quedar atrás descolgado, pero de repente, cuando todo parecía perdido, le da un buche a su bote con los polvitos mágicos y te lo ves adelantado a toda la grupeta. Su estilo ciclista es incluso temerario. Que yo recuerde, ha pegado varios «talegazos»: bajando vendomiel, que frenó con el casco en una piedra; de escapada en solitario en una curva en bajada camino de Almogía; recientemente bajando por un «barranquillo» con la montainbike… un cafre con más de 65 tacos. Pero ahí sigue, duro como una roca.

Cuando ve en la carretera un ciclista solitario, pone en marcha el turbo y sale como un Lobo o un Halcón de cacería. Se siente un ave de presa sin compasión. Claro, a base de tirones, al final está para el arrastre, jajaja, pero él disfruta de lo lindo. Esos piques no son para bacilarle a nadie, ojo, es puro disfrute ciclista.

Antonio se arranca como si no tuviera límites, como si fuera un «chavea», como si pudiera con todos durante un momento. Di que sí.

Vuela, Antonio, sigue volando. Que nadie te agarre, que son unos cobarderrr.