Érase una vez, en un lugar remoto de la alpujarra almeriense... ha salido el post un poco largo, imposible de resumir tantas emociones, aviso para navegantes, allá vosotros.

La Indomable era como un mito. Llevábamos desde hace 2 años apuntados, sin poder participar, primero por el diluvio y luego por COVID. Por fin, parecía que teníamos luz verde para la carrera. Este año el alojamiento era Luxury, a pie de Playa en Adra. Con camas de colchones firmes, piscina cubierta, jacuzzi, BBQ, … vamos, lo que se merece un equipo de primer nivel como Pedales Rotos. Aunque más de uno echaba de menos a las cabrillas del año pasado, las cosas del querer.

El viernes fuimos llegando de forma escalonada a la casa, toma de contacto con el chalet, mientras nuestro cocinero italiano Lazaro nos preparaba una auténtica pasta con salsa bolognesa de varias horas de cocción, que aprovechamos para ir a comprar para un regimiento. Una deliciosa carga de hidratos, grande nuestro Lázaro y su picadora portátil. Nos fuimos prontito a la cama que había que levantarse a las 6AM, pero algunos no paraban de decir tonterías importunando el necesario descanso de la grupeta, como si esto fuera una excursión del colegio en lugar de la noche previa a una competición ciclista del máximo nivel. Mamones, jinjinjin.

Al alba y con tiempo duro de levante -es broma, pedazo de mañana soleada pero fresca-, nos calzamos un desayuno de los campeones, ultimas comprobaciones del material -¡yo me iba sin mirar la presión de las ruedas, globerocomemielda !- y marchamos con los coches en comitiva para Berja, vamos, que ni el Movistar va tan bonito.

En Berja el ambientazo a las 7:30 era impresionante: altavoces con ACDC a todo trapo, cientos de ciclistas, miles de picoletos en moto… casi nos tuvimos que salir del pueblo para entrar en nuestro cajón, el precio de llevar con mucho orgullo la equipa de Pedales Rotos. Emoción a la salida pero bastante control, velocidad baja y todo el mundo muy pendiente. Buen rollo en carrera, con el cachondeo del «butanooo» y bocina-pedales incluido.

Nos faltan Ricardo, Alberto y Hans. Ojo al pantallon proyectando una BBQ

El recorrido comenzaba como la ruta que hicimos el año pasado, por lo que pisábamos terreno conocido en el primer puerto. Toda la grupeta junta, comandados por los alemanes, un gustazo. Alberto perdió un poco el rebufo al final del puerto y el gran Ricardo hizo de gregario de lujo, aunque nos reagrupamos en el primer avituallamiento. Quedaban los dos puertos más largos, incluyendo la subida hacia la Ragua. En el siguiente puerto nos pasó el coche escoba de la «Teletérica» avisando que estábamos fuera de carrera y se abría el tráfico, nos entró un poco de bajona, hubiésemos preferido una multa por no llevar el timbre. Con la carrera abierta al tráfico todo se complica, en algún pueblo tuvimos casi un problema con un lugareño maniobrando «a la alpujarreña».

El paisaje era espectacular y cambiante, desde el desierto a las vaguadas frondosas, pasando por precipicios infinitos. Comenzamos el puerto más duro, la Ragua, con veintitantos kilómetros y muchos metros de desnivel que nos iba narrando Rafa, metro a metro. Grande nuestro Garmin Assitant.

Nos dió un subidón cuando divisamos en una curva el coche escoba ¡ Íbamos a entrar otra vez en carrera sin vehículos !. Estaba claro que llevábamos un ritmito mejor que la media. Lázaro llevaba graves problemas de espalda, me retrasé un poco para intentar animarlo a no dejar el rebufo de la grupeta. Lo dejo de ver y, de repente, aparece esprintando hasta que nos coge. Olée, no sólo sabe hacer pasta, sabe apretar los dientes en la adversidad. La subida era exigente y larga, poco a poco nos fuimos descolgando unos de otros, tratando de ir cada cual a su propio ritmo de subida. Bueno, menos Rafa y Emi que iban sobraos, charlando como si estuvieran en Torre del Mar. Rafa se sacaba un pie de la cala y pedaleaba a la pata coja, jajaja. Lo que es la juventud, los kilos de menos… y la clase ciclista!. Si no llevara una «bolsita» barata del Decathlon lo fichaba el Movistar. Que envidia más cochina sana.

El último avituallamiento en el kilómetro 62 marcaba el punto más alto del recorrido de 117Km. Yo me comí un bocata de lomo, harto ya de geles y barritas «comiendo sin hambre y bebiendo sin sed», como nos recomendó mi tocayo Pellicer. Fuimos llegando escalonadamente, aunque hacía tiempo que perdimos al Antonio, Alberto y Ricardo. En estas que nos pasa el coche escoba y Felix se lanza detrás camino de la meta en solitario a grito de «a mi la Teletéricaaaaa» , marcando el inicio de «la Desbandá» malagueña. Empezamos a bajar a tumba abierta por una carreterilla de montaña, sin saber si teníamos el tráfico abierto o no. Una locura.

Yo voy bajando como los ángeles sin pedalear, no se qué le hizo Paco Olivetti a la bici pero parecía que llevaba un motor eléctrico. Adelanto a todo cristo, pero en el primer repecho, intentando mantener la pole position a plato, me entran calambres en los abductores, sumándome al club de Jesús Orca que venía tocado desde el golpe de calor en Alfarnate. Me acojono, bajo el ritmo y los piñones. Se me pasa y me doy cuenta de que no puedo hacer tonterías. Pero tampoco me voy a venir abajo, coño, que esto es la Indomable, hostiaaa. Así que empiezo a hacer la goma, adelanto en las bajadas y me quedó atrás en los repechos. Recuerdo pasar por la famosa acequia salvadora del año pasado. En ese momento, éramos una grupetilla de los Cuatro fantásticos: Carlos, Rafa, Emi y yo («la Cosa»).

¡Qué momento de goce ciclista cuando Rafa se pone a tirar en un tramo llano después del puerto!. ¡Yo iba con los PROs, adelantando a todos como si «fuerois» en un avión!. Casi justo a mi límite muscular, eso sí. Aguanté hasta que llegó un repecho largo, donde tuve que entregar la cuchara y me quedé junto a Natalia, triatleta de Aguadulce y otro chico, a los que hice de parapeto durante el ventarrón en contra de los últimos kilómetros. Subidón cuando me adelanta Jesús comandando una grupeta a pocos kilómetros de meta, pero no puedo subir el ritmo a riesgo de crujir justo al final.

Llegada a meta, medallita finisher, abrazos sudaos, cervecita y fotos. ¡Somos Indomables! (bueno, medio-Indomables).

reventaos pero felices
No sólo Rafa Nadal forja la leyenda. Por cierto, me dieron una medalla de carton…

Los jefes de equipo, Robert y Juan Antonio, que las criaturitas no pudieron participar por motivos de salud, habían estado preparando la casa para nuestra vuelta: camas hechas, batidos de desayuno, barbacoa lista… sólo nos faltaba un masajista. La tarde fue de lo más emocionante. Momento Jacuzzi con la aparición de Jesús Gil y fiesta de la viruela del mono, cachondeo güeno. Celebramos el cumple de Juan Antonio el cuñao con un palmerón casa-kiki y regalazo de unas gafas pro. Momentazo cuando aparece David Guetta, digo, mejor: el gran Rafa Mota para animar la tarde-noche. Pero lo que marcó de verdad la tarde fue la gran noticia que nos comunicó un Rafa emocionado: VA A SER PAPUCHI. Un emotivo abrazo en corro improvisado y 12 nuevos titos para cuidar de ese bambino/a. Que estupenda noticia. Lástima lo del «bolsito», que gran padre iba a tener la criatura, jajajaja.

No es video, no le des a la flechita.

Gracias a los conductores abstemios decidimos ir al pueblo por la noche aprovechando que estaba de fiesta. Cuando aparcamos los coches, hacemos recuento e la tropa y alguien dice: «¿Y el Cuñao, con quién iba?». AY PAAAAYO , ¡nos olvidamos de Juan Antonio!. Resulta que lo abandonamos mientras buscaba su móvil en la playa. Sin llaves, sin móvil… sin amigos. Pidiéndole ayuda a un muchachito con perrito y a un pescador -sin saldo en el móvil- para poder avisar a su mujer. Fuimos un comando a su rescate y todo quedó en una divertidísima anécdota.

Pese a que en Berja no saben lo que es una fiesta -que se lo digan a los del Trabuco- el concierto tributo a Fito y los Fitipaldis fue realmente digno de un clon de Fito, clavados. Los tradicionales bailecitos chiquitistaníes, alguna letra que llega a tocar muy hondo en estos momentos, pero a la vez con una gran alegría de tener amigos saltando junto a tí.

Los únicos bailarines del pueblo

Al día siguiente, con la resaca -al menos yo-, se levanta acta de constitución del CLUB CICLISTA «PEDALES ROTOS», con Emi de Presidente, Robert de Vicepresidente, Rafa de Tesorero, y el Tigre de Secretario. Que sea lo que Dios quiera. Que conste que somos interinos hasta que se convoque una asamblea.

Aunque las marcas eran lo de menos, lo importante ha sido que llegamos todos más o menos sanos y sin ningún percance destacable, dejo aquí mis resultados de la prueba, muy contento con mi posición en mi categoría de Puretas-tope-de-power.

Ha sido un fin de semana especial para todos. De los que te conecta con la vida. Viaje, preparación, amistad, soledad, esfuerzo, descanso, sufrimiento, disfrute, tristeza, risas, nacimientos, pérdidas, mar, música … VIDA.

Pedales Rotos Somos Indomables For Ever.

Por último, os dejo con el video de Instagram que preparó ese pedazo de Emi :

https://www.instagram.com/reel/Cebs6ibuToN/